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lunes, 14 de noviembre de 2011

LA SAZÓN Y EL SABOR DE MARÍA NAMÉN

Se indica que sazón es gusto y sabor de los manjares. El sabor es la impresión que nos causa un alimento u otra sustancia. Todo esto confluye en el arte de preparar, adornar, ofrecer y servir la buena comida y en la capacidad, el buen recibo y el agrado gustativo que produce el parto gastronómico. Son dos circunstancias que, en maridaje, aportan frenesí, placidez y plenitud.

La revista británica San Pellegrino, organiza la votación anual, una instantánea anual de las opiniones y experiencias de más de 800 expertos internacionales, mediante la cual se elabora la lista de los 50 mejores y el mejor restaurante del mundo. Este año el restaurante Danés Doma, regentado por el joven chef de 32 años Renè Redzepi, ha obtenido el reconocimiento de mejor restaurante del mundo, por segundo anualidad consecutiva. Noma, situado en un viejo almacén de sal rehabilitado en el muelle de Copenhague, conquistó a los jueces con su equilibrio entre unas recetas tradicionales con ingredientes de máxima calidad, una decoración serena y un nuevo concepto, acuñado por su chef, Renè Redzepi: "La técnica no es un fin en sí mismo declaró tras su primer éxito el pasado año- tampoco me interesa el 'confort food' (comida confortable). La mía es una cocina que intenta hacer reflexionar al comensal sobre lo que le rodea, la sostenibilidad, el futuro". Redzepi encabezó la votación en esta edición, en un resultado que, según 'Restaurant', "refleja la permanente pasión que despierta su exclusivo tratamiento de los ingredientes locales y regionales".

En Colombia existen algunos con esas características. La Casona, en Sincelejo; El Arrierito, en Medellín; son ejemplos de las maravillas culinarias que, desde lo local, se ofrecen a la clientela universal. En nuestra querida Valledupar, luego de algunos antecedentes positivos, se hizo notoria la falta de uno con esas calidades que, desde lo emblemático, paseara su ofrecimiento a partir de la cocina criolla, con calidad, buen servicio y ambiente verdaderamente acogedor.

El joven empresario vallenato, Iván Murgas Namén, hace varios años revolucionó la oferta en comidas rápidas con La Carbonera, en el sector de la fuente y se inventó una serie de preparaciones que cautivaron a clientes propios y extraños. Después, movido por la creatividad perenne de Miro Molina, se esmeró en comprar la tienda de Carmela, frente al edificio de la lotería, para -asociado con Migue Daza, el incansable Ñego Ariza, Eduardo Iglesias, Popo Barros, Poncho Verdecia, Guille Vence y Fany Castrillón -la suscriptora de guanguardia- activar el supermercado carrefurito. Así, nos decía convencido, cuando llegue el grande tiene que pagarnos el good will  o si no compramos el lote del taller y la casa de Jaime Lacouture y hacemos el centro comercial guatapurito. Eso falló por la imprevisión de Tony Pinto, quien al enterarse se emocionó tanto que, sin saber, la comentó delante de un hijo de alguien de ConConcreto S.A. y aligeraron la construcción e inauguración del Guatapurí plaza comercial.

Por su marte, la celebérrima María Namén, potenciaba con el ejercicio diario, el arte culinario. Sus manos benditas pregonaban las sabrosuras de sus preparaciones, paseándose sin clemencia por pescados, mariscos, carnes y criollismos. Pero ella buscaba, buscaba y buscaba, en incansable deambular inconsciente hasta que que llegó el encuentro de la olla con su tapa. El hecho es que andaba en periplo rápido, con su hermano el senador Jesús, por la territorialidad europea. En una de las capitales, salieron a paseo y poco antes de la hora del almuerzo, se acercaron a uno de los mejores restaurantes. Él, para rememorar las travesuras infantiles, se le escondió dónde ella no podía encontrarlo. Ni corta ni perezosa deambuló por el sector, con mucha angustia pero decidida a salvarse. Luego de 45 minutos de búsqueda infructuosa, entró al restaurante, sin entender ni ser entendida, por la barrera idiomática. Fue de mesa en mesa, vio lo que se servía, atrapó al mesonero y lo llevó al sitio dónde reinaba el plato que le gustó y sin recato alguno imploró: traéme uno igualito a este. El mesero, fue y al ratico, se apareció con lo solicitado y cuando ella terminó la ingesta, sacó del bolsillo un cafongo y se lo dio. Ve tu eres latino? Si señora, yo nací en Mandinguilla. Luego del soponcio emocional de María, hablaron de una y otra cosa, cumplido lo cual nuestra reina matriarcal entró como ama y señora a la cocina y conoció, uno a uno, durante tres días seguidos, los componentes y el ejercicio preparacional de los treinta y siete platillos ofrecidos. Ese fue el primer viaje a Europa, después de varios efectuados, hoy día domina el francés, el inglés y tararea el búlgaro.

Faltaba el amor, para el crecimiento cimero de Iván quien, aplazó por un tiempo su idea de regalarnos un centro alimentario de altísimo nivel, por su dedicación durante un año al servicio público como Director del área ambiental del Municipio de Valledupar. Pudo coronar su sueño de promover el esudio y cria del machorrito vallenato, legado que le dejó a su mejor alumno: Santa Araujo Arzuaga. Y el amor llegó, la graciosísima Gloria Cárdenas. 

Ahora, ese trío inmarcesible, con el liderazgo de Iván, abrieron en la madurez urbana de la carrera novena, El Sabor de María Namén, la mejor oferta para todos los gustos. Un restaurante en el que prima la atención, el buen gusto y la camaradería. Un sitio de altísimo nivel para degustar las delicias de la cocina local, regional y septentrional. Con ofrecimiento de desayunos, con destaque del calentao' vallenato, un abundante como variadísimo mundo, de ricuras, vertido en el plato a su disposición: arroz de fideo, carne de res, cerdo y otras emociones placenteras hechas alimento. Para el medio día, son muchas las alternativas, pero permítame recomendarle ellomito fino a la María Namén, como para gritar a plenitud: jié' y para la noche el amplísimo surtido de hamburguesas y otras delicias. Mi antagónica, la chrri, la corazonera Ochoa y los demás servidores, están listos para aterdernos como nos lo merecemos.

Gracias a estos gladiadores, como Iván y el apoyo líneal del Küchenchef Armando Aguilar Rapalino, nacido en el inmaculado santuario, de agua y peces, denominado ciénaga de Zapatosa y levantado en un hogar humilde, correcto y comedor de bocachico, curtido en las lides del aprovisionamiento y el buen comer, hoy día nuestra tierra cuenta con un refugio gastronómico en el que se le rinde culto a a vida y al buen gusto.

No queda más que ir, volver, insistir y repetir siempre, para que la dicha de vivir sea honrada, cada vez, con delicioso plato, de las múltiples opciones que, gracias a Dios, a la sazón y al sabor eterno de la inigualable María Namén, nos ofrece Iván Murgas, en su paraíso hecho canción que se come.

domingo, 2 de octubre de 2011

LA DICHA ETERNA DE ¡SER NIÑOS SIEMPRE!

Cada vez que me doy la mano con mi primo Sebastián, con apenas siete años, retrato mi época de entonces y veo maravillado como se emociona ante mi atención total, la fuerza de nuestra charla y los juegos que le enseño, ligados todos a la mejor época de los adultos, no cuando lo son, sino cuando fueron niños, en la seguridad de que la gran mayoría dejamos de serlo, obligados por la contumacia de nuestros mayores. Con una simple bola de papel, nos divertimos y cuando tiene que irse, quisiera quedarse, porque el paraíso de hacer lo que a uno le gusta, no siempre es transportable.

Quedaron grabadas en mi alma y para siempre, las palabras del doctor Pedro Daza Mendoza, en la ceremonia de graduación de mi hija María Martha y sus compañeas y compañeros, al recibir su grado en el nivel de Transición. Afirmó que el oficio de los niños es jugar, que mientras que los adultos nos empeñamos en obligarlos a consumir la sopa, muchas veces y siempre, resulta más provechoso que ingieran lo que quieren, cuando se trata de un helado.

Hermosa la época de entonces. Desde bien temprano, cuando no era tiempo de estudio, jugábamos y jugábamos. En el patio de la recordada Manuela Brito, el futbol, bate, boliche, trompo, vuelta a Colombia colmaban gran parte de nuestro tiempo diurno, con una ida al medio día por la Ceiba o Hurtado, en procura del refrescante baño en el Guatapurí. La prima noche era de nosotros.En la esquina de Suarez, nos reuníamos a jugar Libertad, La Leva, al escondido y en ocasiones a conversar sobre lo que no nos constaba, siempre en presencia de nuestra imaginación desbordante.

En este tiempo aprecio las oportunidades de encuentro con Jorge Villar y caigo en cuenta que en él, perdimos un diplomático de alto nivel, un relacionista sin límites o un dirigente genial y en Pipe Sánchez un músico de amplio espectro.. Pero el asunto es que poca atención se le prestaba entonces, lo mismo ocurre hoy día, a las demostraciones que cada muchacho o muchacha hacía, como señal inequívoca de sus inclinaciones en la vida. Al respecto señala Gabriel García Márquez "en Colombia no existen sistemas establecidos de captación precoz de aptitudes y vocaciones tempranas, como punto de partida para una carrera artística desde la cuna hasta la tumba. Los padres no están preparados para la grave responsabilidad de identificarlas a tiempo, y en cambio sí lo están para contrariarlas. Los menos drásticos les proponen a los hijos estudiar una carrera segura, y conservar el arte para entretenerse en las horas libres. Por fortuna para la humanidad, los niños les hacen poco caso a los padres en materia grave, y menos en lo que tiene que ver con el futuro."
Agrada saber que proliferan las escuelas para aprender a tocar instrumentos, que la Escuela de Talento Rafael Escalona existe, que la Universidad Popular del Cesar tiene programas de arte y folclor, que algunas universidades en nuestro medio posibilitan los semilleros de investigación y, lo más importante, que surgen nuevas oportunidades para que cada quien se enfoque en lo que más le gusta ser, hacer y tener. No obstante, los muchachos y muchachas, añoran un black berry, más que volar una cometa, prefieren un encierro en el cuarto con el play que un piquecito con amigos de la cuadra. Los gobiernos, los padres y el sistema educativo, tienen la obligación de promover el sano esparcimiento, el debido aprovechamiento del tiempo libre y el enfoque en lo que a cada quien le gusta ser, hace y tener. Más que repartir condones y publicitar el consumo de licor, que tanto daño social ocasionan.

domingo, 17 de julio de 2011

EL PERIPLO DE SILVESTRE

Cuando Emilianito Zuleta y Jorge Oñate, hicieron pareja musical y grabaron el excelente, como inolvidable, larga duración "La Parranda y la Mujer", incluyeron un merengue "La Gira", del compositor manaurero Juán Manuel Muegues, en el cual relata las vivencias del recorrido por el interior del país, como parte de la delegación liderada por el siempre recordado Manuel Zapata Olivella. Esa canción inmortaliza la situación de nuestros intérpretes y cantantes que, desde siempre, se mueven de pueblo en pueblo, entonces de villorrio en villorio y ahora de país en país. Pregona el canto:

Salí hacé una recorrida
Por todito el interior
Como llevo buena gira
Yo me traje mi acordeón...
El que sale en esta esa giras
Tiene que ser hombre libre
Que abandone a la familia
De lo contrario no sirve

De muchacho, iba por las tardes a los ensayos de Lionti Pitre y su conjunto, cuyo cantante era Eulogio, quien durante años cantó también con Los Guapachosos del Cesar y se caracterizaba por mover, como quisiera, la manzana de adán en su garganta. "Matica de Toronjil" y "desde que te fuiste Rafa, para Santamarta, aquí no se escucha ni música ni letra...", eran sus canciones preferidas. El asunto es que, en númerosas ocasiones, los vi partir, y otras veces llegar, de sus extenuantes giras: El Palmar, Azúcar Buena, Cominos de Tamacal, La Pitilla, Los Tupes, El Desastre, Los Brasiles, Llerasca, Guacochito, El Jabo, Tocapalma, entre otros. Eran los mismos tiempos en que Luis Enrique Martínez, se encerraba a parrandear en casa del recordado Luis García, con Pedro Peralta, Poncho Pimienta, Silva, Héctor Arzuaga, el Mono Aroca, Elías Gutiérrez y tantos otros, después de coronar una intensa gira por Chivolo, Buena Vista, Santa Rosa, El Retén, Algarrobo, San Ángel, Fundación, El Copey,El Difícil, Cienagueta y pare de contar.

Como no recordar el bus de Torcoroma, frente al Hotel Los Cardones, donde se alojaban los músicos de Alfredo Gutiérrez y Los Caporales del Magdalena, cuando llegaban de gira por estas tierras. Nos ocurría como a Colombia, en el caso de los jugadores de fútbol, primero fuimos destino. Acá llegaban las orquestas grades. Vimos en actuación a la Billos Caracas Boys, los Corraleros de Majagual, la Casino Tropical, Pello Torres y sus diablos del ritmo, Antolín Lenes y la cieguita de oro, la inolvidable orquesta del maestro Juán Piña y sus muchachos, La Tropibomba y muchas más. Luego, por obra y gracia de Dios y del talento de nuestros creadores, se invirtió la balanza y comenzamos a producir, a llevar a otras áreas de Colombia y del mundo, nuestro amantísimo vallenato: Jorge Oñata, Poncho Zuleta y Diomedes Díaz, el Binomio de Oro, le dieron vía libre -con su talento- al impulso definitivo que ha seguido con tantísimos más.

En estos tiempos, nuestra música está en todos los rincones de Colombia y se abre paso por el mundo. Mientras Rafael Orozco, no cantó en Europa, el Morre Romero, Peter Manjarrez, Jean Carlos Centeno, que comenzaron "ayer" lo hicieron ya y Jorgito Celedón, Diomedes, Poncho Zuleta, ni se diga. De estados Unidos, ni hablar.

El camino se expande y el gran Silvestre Dangond, con Juancho de la Espreilla, y su conjunto, salen con frecuencia. Hoy, precisamente, terminan una exitosa correría por Estados Unidos y Canadá, que pone de presente el extraordinario momento que viven, la grandeza de nuestro género musical y su calidad interpretativa. Durante diez días, a la manera de Cocoliche y sus maromeros, divierten diferentes públicos y promueven, de manera categórica, lo que saben hacer en condiciones inmejorables:

Viernes 8 de Julio:     Discoteca “La Boom” – Queens, New York, Estados Unidos
Sábado 9 de Julio:     “Prudential Center” Arena – New Jersey, Estados Unidos
Domingo 10 de Julio:     Colombian Festival, Orange County – Los Angeles, Estados Unidos
Jueves 14 de Julio:    “V-live” Night Club – Chicago, Estados Unidos
Viernes 15 de Julio:     Discoteca “Degrees Venue” – Toronto, Canadá
Sábado 16 de Julio:     Estadio “Gilles - Tremblay” – Quebec, Canadá
Domingo 17 de Julio:     Colombian Festival, Tamiami Park – Miami, Estados Unidos
A todas estas, la muchachada cree que esto ha sido fácil y es obra de las circunstancias actuales. Hay que indicarles que en 1977, hace 34 años, en Barranquilla, íbamos de fiesta en fiesta, de sitio en sitio, con Severiche Morales, el inolvidable Goyo Suárez y Roberto Muñoz -entre otros- con la "necedad" de escuchar un disquito vallenato y en toda la noche no nos ponían más de dos, porque era considerado "la yuca". Y, un año antes, el salsómano Miguel Pimienta Morales, se trajo a Valledupar, un escaparate pick-up, al que bautizó "El Gran Guelmi", con tremendo dibujo en la parte frontal: un bulldozer arrastraba un acordeón, una caja y una guacharaca, claro indicador de que allí no sonaba el vallenato.

Gracias al Festival Vallenato, ese camino culebrero fue menos penoso y, en gracia de ello, la capacidad de los nuestros posibilitó el mundo real que hoy vivimos, de triunfos, lágrimas y trofeos.

jueves, 16 de junio de 2011

EL TEMA DE LA AVENA

Valledupar, alberga gran cantidad de privilegios y a lo largo de su historia, se registran hechos y datos que dan cuenta de una hermosa tradición culinaria y de productos de consumo personal, desde el criollismo puro. Es cierto que en diferentes épocas, se ha mantenido la costumbre de hacer para disfrutar. Hacer ¿qué? Hacer ricuras gratas al paladar, exquisiteces que marcan una tendencia en la región y ponen de presente, la maestría de quienes las elaboran.

Cada domingo, era dable encontrar a la inolvidable Pepa Baquero en el entonces pozo de Hurtado y allí se ofrecía el mejor chicharrón, las arepas de queso y las papas cocidas revolcadas en sal, el auténtico arroz calentado con trazas de carna molida y la infaltable sopa de mondongo, entre otros platos que las manos benditas de esa alma noble preparaban. Tal maravilla, se perdió con el tiempo y hoy día proliferan los restaurantes formales, pero nunca se llega a la calidad criolla de entonces.

Hace poco, mi hermano Álvaro, me invitó a que lo invitara a una buena avena fria. Para sustentar el antojo, rememoró los tiempo de la que hacía el hombre del sombrerón, en la esquina principal del mercado viejo, diagonal a Eternit, el célebre almacen de don Orlando López. Era espesa, deliciosa y llegaba al pote, desde el cucharón, en cascada libre. Cuántas mañanas de plenitud, gracias a esa delicia hecha realidad. Mencionó luego, la de Franco en el Loperena y la exaltó como la más nutritiva y refrescante, por el picadillo de hielo que, en exclusiva, él sabía hacer. Para no dejar títere con cabeza, describió la del Matracazo y elogió también, la maizada fenomenal que por años mereció la atención de muchos.

Después de semejante preámbulo, salimos a cazar una buena avena en Valledupar y no la encontramos. La que más se acercó a lo aceptable, fue la de Bocaditos, pero dista mucho de lo arriba descrito. Entonces vino la andanada de cuestionamiento. ¿Qué nos ha pasado?, ¿por qué hemos dejado de lado las cosas buenas? Desce cuándo y por qué perdimos el gusto por lo que tanto nos gusta?

Se ha marchado el sabor criollo de una buena caribañola, de un agradable pastelito de carne y de una graciosa frekola, como la que preparaba Rodry y distribuia todas las noches frente al recordado teatro San Jorge. Todo para dar paso al facilismo y quedarnos con el guarapo de caña que, vemos en casi todas la esquidas, como el homenaje más rimbombante al tumbe disimulado, habida cuenta que en el abunda el hielo y para que no se sienta simple, se le irriga con azúcar, lo que desdice de su naturaleza.

Ante el riesgo de quedar mal, lo llevé a una breve andanza por nuestras tiendas y por fin, encontramos un par de chichas rosadas que salvaron la patria. A falta de lengua ni tostada, le endoné un pan de espinacas, ante lo cual me dijo que se sentía en Bogotá.

Es hora de retomar las banderas y no permitir que lo mejor desaparezca, por que después podría irse la magia que, por siglos y siglos, habita en Valledupar.

lunes, 13 de junio de 2011

LA BELLA DAMA DEL HUMO BLANCO

Para entonces, Valledupar era el pueblo cuyo embotellamiento geográfico no ocultaba la magia que le es característica desde siempre. Cuando se acababa la provisión de combustible, se iba la luz durante varios días, hasta cuando regresaba el tanque camión, con el proveído requerido para que la claridad nocturna regresara. Nos acostumbramos a vivir a sí y por mucho tiempo.

Valledupar de noche, era la aldea consagrada a la literatura oral. Por donde quiera pasaba era dable escuchar a los abuelos, rodeados de la nietamenta, en plena narración de cuentos, relatos, enseña de cantos y adivinazas en doble vía. Mechones aquí, mechones allá y una que otra "calavera", iluminada con una esperma interior y hecha arte en cualquier coco vacío de patilla. Se sudaba con gotas de petróleo y se soñaba con mejores tiempos, los cuales llegaron y se regresaron.

El asunto es que mi hermano Rodrigo, era enamorado de esos eventos nocturnales y me llevaba, sin esfuerzo alguno, a un recoveco cercano a "El Rey de los Bares" -del siempre querido Marcelo Calderón-, en cuyo pario se amasaba y se asaban las mejores arepas, se freía el mejor poliéster y se ofrecía la mejor agua de maiz. Allí conocí a esa mujer especial que no sentía miedo para expresarse como le venía en gana, ni mucho menos para soltar cualquier vulgaridad necesaria para hacerse sentir porque "a mi se me respeta, nojoda".

Llegado el momento, la sola presencia de ese ser endulzaba las agriedades que las carencias y el olvido, se esmeraban por revivir. Buena hija y compañera insostenible del slencio, nunca estaba callada y siempre expresaba lo que quería. Al morir la mamá, se hizo cargo del "negocio" y nació entonces, el famosísimo merendero que, por décadas, fue no solo el único con su sabor, sino el mejor.

Que ¿qué era el poliéster? nada menor que el mejor bofe comarcal, la más delicisiosa tela visceral que, después de varios dias de sol, era convertida en el maravilloso poliéster por que era la tela de moda en las confecciones multifinas que expendía Telismar Mieles en su Almacen Popular.

En el Merendero La Bella, el menú se modernizó: arroz de palito (fideo), arroz blanco y de lisa. Mondongo guisado, panzita de reyes, carne guisadina, paticas de cerdo, platanino asado amarillo, empanas morunas, carimañolas de las propias, en fin, todo un surtido del arte gastronómico vallenato.

Hoy día la gran Iberia Ustáriz, se reclina sonriente cada vez que le gana una partida de lotería a su inefable hermana Ocha. Dios la cuida siempre!


viernes, 20 de mayo de 2011

¡SIENDO MARIANGOLERO LO MISMO...!

Lo cierto es que en aquel primer Festival, lejano en el tiempo pero certero en mis recuerdos, Valledupar era un pueblo y yo, un muchacho desmirriado metido en la primera línea frente a la vieja tarima. El asunto es que en la velada final

lunes, 16 de mayo de 2011

LAS ¡COSAS DE ESCALONA!

COSAS   DEL   VALLE
ALBERTO           MUÑOZ          PEÑALOZA

LAS ¡COSAS DE ESCALONA!

Desde aquella vez, mi vida cambió, viví de manera distinta y me sentí conectado a la energía que emanaba siempre de ese ser tan especial. Esa tarde, una tarde de abril espléndida y soñada, después de siete sermones y media docena de coscorrones, se impuso el mando de mi mamá y fui a comprar las doce onzas de queso picao´, del de Benito Pantoja, a El Todo, la tienda de siempre en la carrera novena y allí lo encontré, a las seis en punto: pantalón caqui, camisa vaquera a cuadros, botas texanas, un par de pistolas al cinto y su sombrero en la mano. Me impactó su figura y se me ocurrió que era un actor de cine que visitaba la población. Por la demora en atenderme, me ubiqué lo mejor que pude para verlo de cerca y apreciar la majestuosidad insinuante de su figura, medio sonrió y sin misterios –como era él- me preguntó: -Hijo, de quien eres hijo tú-. Seguro, como estaba, de encontrarme ante  uno distinto a los de mi tierra, cuyo susurro aparentaba voz, le contesté sin ambages –de Julio Muñoz-. Ombe muchachito, si ese es mi amigo, me lo saludas, dile que te encontraste con Rafael Escalona… Recogí mi pedido y cuando salí ya no estaba. Regresé a la casa emocionado y traté de contarle a la vieja Tulia, pero primó la incompletud del queso, en gracia de haberlo ruñido, me fui entonces a casa de un amigo quien tampoco puso cuidado, hasta cuando pude hablar con mi hermano Rodrigo,  le conté que acababa de conocer a un extranjero, pero cuando se lo describí me dijo, ese es Rafael Escalona.
Cualquier día, al regresar del Ateneo, nos atrajo el fundingue armado en La Bolsa y sin pensarlo dos veces, apreciamos la parranda en su mejor momento, allí lo vi de nuevo, con sus buenas maneras y su tierno comportamiento. Con los ojos puestos en su movimiento, me atreví a saludarlo y para demostrarme que se acordaba del primer encuentro, me preguntó por el viejo Julio y me ofreció una Kolkana enhielada que degusté sintiéndome rey.
Con el paso de los años lo veía, charlábamos un rato y lo seguía en su retirada, absorto ante su elegancia y esa manera exclusiva encasillarla en su andar pausado, tal cual como conversaba. Me agradó siempre hablar de él, conocer los meandros de su quehacer como creador y recuerdo con alborozo las ocasiones en las que pudimos alternar y sabrosear la finura de su parla.
Para cuando ya era un hombrecito, me encontré una tarde con la buena hora preguntarle cosas y lo único que se me ocurrió fue indagar por el predominio de sus pensamientos. Adelantándose a lo que aprendería después de los autores de libros de crecimiento personal, me recomendó, cada vez que quiera algo, atrévase a soñarlo, acarícielo en el silencio y si vale la pena, no descanse hasta conseguirlo, sin perderlo de vista.
Pasaron años, hasta cuando me lo regaló Dios, en El Merendero de Barranquilla, en la víspera de unos carnavales y me dio la buena noticia de su residencia en la Arenosa. Pero mejor fue encontrarlo, días después, en la Aduana, en su nueva condición de Auditor. Por mi parte, estudiaba y trabajaba en el Idema, en el área de Comercio Exterior, en gracia de lo cual nos encontrábamos varias veces a la semana en su oficina y arañaba un tanto, su gusto por la vida.
Él, se hermanó en Bogotá, con mi hermano Álvaro y a través del hondo afecto que profundizaron, pude conocerlo mejor y anhelar nuevos encuentros que, duele reconocerlo, se escondieron en el recuerdo y la admiración. Pero, como no hay ausencia sin dicha, me acerqué mucho a los suyos y, en la voz de su hijasa Margarita, La Maye –su amor eterno-, la hermosa Taryn, Rosa María, Perla, Ada Luz, Rafa, el Pirry, el Bala, el gran Santander “El Pibe” Durán y los demás, que son tan queridos y especiales.
Hasta que llegó el día, en que mi madrina Consuelo, momento a momento, fue introduciéndome en el arte de interpretar los movimientos de Escalona, su gloria andante ensimismada en cada verso que esculpía, pero igual en cada frase que pronunciaba, en sus gestos, su vestir elegante y fino y en la indeclinable gestión –silenciosa pero contundente- de ser amigo de sus amigos, en las buenas y en las malas. Conocí entonces, de su afán por llevarle y traerle algo a cada quien, cada vez que viajaba, pero como era tan difícil complacerlos a todos, compraba doce artículos, desde chucherías hasta regalos costosísimos y a los primeros doce que encontraba al arribar, les entregaba, uno a uno, sin reparar el género de quien recibía. Esa condición, la compaginaba con su hermoso atributo de conocer bien a la gente, saber de dónde provenía cada cual y encontrar y usar las mejores maneras para agradar cada encuentro. He ahí, parte sustancial de la sazón musical de sus cantos, de la finura extendida en sus relatos musicados y de las múltiples formas, tiernas y sencillas, de expresar lo que todos sabían, desde un ángulo perfecto y creíble:
Estuve buscando por el Orinoco
El caimán encantado que vuelve a uno loco
Te traje pirañas de bellos colores
En el amazonas la gente se come…
Rafael Escalona, fue un patillarero insigne, un vallenato distinguido en todo, un ser universal que cabía en cualquier escenario, lugar o palacio. Si, él le dio lustre a la música vallenata, representó, de manera digna, nuestra esencia cultural, fue un personaje mítico, pero muy parecido a todos, con sus virtudes y defectos, sus creaciones sostienen sus pasos –a la manera de patines eternos- y se pasean por el mundo, siempre en mensaje de alegría, paz y amor por la vida.



Hace pocos días mi amiguita Mafe Marrugo, con apenas dos años de vida, se extasió con uno de sus cantos y le entendí en la mirada, el interés por saber a qué se debe tanta algarabía por el festival de este año, en su homenaje, me atreví a contarle que Rafael Escalona, es un logro intangible de los vallenatos, de los colombianos, de los terrícolas en general. Le expliqué como desde su época de muchacho, se atrevió a hacer cosas, a creer en sí mismo y en lo que hacía y producía. Se hizo querer de los amigos y centró en el respeto irreverente, su epicentro actuacional. Ese hombre fue capaz de vivir en amistad, desde la amistad y para la amistad. Como concepto elevado de comportamiento social, fue el líder de un grupo de amigos en el que la parranda fue el vehículo para transportar y comunicar sus sentimientos, pero igual, en el que cada uno de sus integrantes se destacó por su talento, creatividad e innovación, cuando no se vislumbraba el auge que  tendrían luego, tales manifestaciones de la inteligencia y el quehacer humanos. Si bien es cierto que García Márquez, tuvo su grupo de La Cueva, como núcleo creativo y de ejercicio de la cofradía, también lo es que nuestro Escalona, gestó y apuntaló el suyo. Allá, Germán Vargas, Alfonso y José Félix Fuenmayor, Álvaro Cepeda Samudio, Ramón Vinyes y Alejandro Obregón, entre otros y acá Jaime Molina, Poncho Cotes, Andrés Becerra, por ejemplo. Era necesario hacerle ver que Escalona, trabó amistad desde muy joven, con personas mayores que él e hilvanó relaciones disímiles entre sí, pero unidos por el brote afectivo y los frutos de la querencia continua. Ser buen amigo, es una faceta permanente en la vida del maestro. Tanto, que los mayores elogios a él, no emergen nada más por su condición de compositor, que va, muchos y muchas, le reconocen un ejercicio meritorio como cultor de la amistad. Por cierto, pocas horas después de volver a la libertad, el ex Gobernador Hernando Molina Araujo, contó como su partida final, lo conmovió tanto, que se encerró en sí mismo a recordar, evocar y llorar la muerte de Rafa, a quien no vaciló en calificar como el mejor amigo de su papá Hernando y destacó las ejecutorias mutuas en ese sentido.
Escalona fue un embajador de la región en Bogotá y en otros escenarios que requerían su intervención, desde los intereses ligados al beneficio común. Nunca hacía alarde de eso ni mucho menos evitaba venir a la tierra vallenata, haciéndoles compañía a presidentes, ministros y demás personajes, en el entendido de la utilidad que ello le deparaba a la región. Su amistad con el presidente López y su inquebrantable decisión de no participar en política, le valió el reconocimiento general y produjo cosas buenas para el Cesar. Fue artífice principal en la gesta de creación del Departamento, ayudó a gestar, parir y criar el festival vallenato y fue ejemplo constante de empeño personal positivo, creativo y efectivo. Fue estudiante distinguido, en todo, menos por ser el mejor, pero si el inolvidable, el enamorador, el colega afectuoso y el de alma rebelde:
Con esta noticia le fueron a mi mamá
Que yo de lo flaco me parecía a un fideo
Es el hambre del Liceo
Que no me deja engordá
Describió, con maestría superior, las vivencias del viejo valle, refiriéndose a cada una en forma diligente, jocosa y conmovedora. Lloré emocionado cuando conocí a la vieja Juana Arias, porque me pareció que la vida se quedó corta ante la descripción del maestro en aquella canción novelada, anidada en el corazón nacional:
Una señora patillalera muy elegante vestía de negro
Formó en el valle una gritería
Porque la nieta que más quería la pechichona la consentía
Un dueño e’ carro cargó con ella…

Había pasado ya, el suceso del jerre jerre:
Yo saqué el revólver con ideas de defenderme
Porque no era propio de un hombre portarse así
Pues con mucha rabia vi a ese jerre jerre
Que me brincaba alante burlándose de mí

Mostró siempre una predilección por esculpir frases verseadas, que con profundidad encasillaran en la expresión de lo que cada uno quería decir, ante el dolor, por el amor fallido, en gracia de la amistad, para describir la rabia y, cuando menos, para manifestar alegría:
Que te habla, de aquel inmenso amor
Que llevo, dentro del corazón
Que dice, todo lo que yo siento
Que es pura, pasión y sentimiento
Cantado, con el lenguaje grato
 Que tiene, la tierra e’ Pedro Castro…

Es el mismo vientre poético, musical y narrativo, que le indica al mundo que:
Yo que conozco el cielo universal
Adonde están los astro’ y las estrellas
Pero ninguno como allá en mi tierra
Donde brilla la estrella e’ Patillal…

Nos enseñó como se le debe cantar a una madre común, cómplice en veces, y autoridad las más, con los versos inmaculados a La vieja Sara:
Tengo que hacerle a la vieja Sara
Una visita que le ofrecí
Pa’ que no diga de mí
Que yo la tengo olvidada
También le llevo su regalito
Un corte blanco con su collar
Pa’ que haga un traje bonito
Y flequeteé por El Plan…
Elaboró un pequeño tratado sobre las penas del corazón y  los rastros desastrosos del desamor:

Si el corazón se viera si el corazón se viera
Ella pudiera ver como lo tengo yo
Me pediría llorando que le diera
Por toda su maldad el perdón de Dios
Porque un amor que sangra no se olvida
Porque dejó en el alma una honda herida
Yo no puedo olvidar a esa mujer
Que me hizo tanto tiempo padecer
Yo no puedo olvidar aquel amor
Que me dejó sangrando el corazón…

Es el mismo corazón que un día cantó:
Que yo tengo una herida muy honda que me duele
Que yo tengo una herida muy honda que me mata
Y un hombre así mejor se muere
Ay para ver si así descansa
Solamente me queda el recuerdo de tu voz
Como el ave que canta en la selva y no se ve
Con ese recuerdo vivo yo
Y con ese recuerdo moriré…

Rafael Escalona, fue tan buen compositor, como buen amigo:

La cosa comenzó muy niño
Jaime Molina me enseñó a beber
A donde quiera estaba él estaba conmigo
Y donde quiera estaba yo estaba con él
Ahora me duele que él se haya ido
Yo quedé sin Jaime y él sin Rafael…

Ahora, el trovador mayor reside en el cielo pero sus cantos en cada corazón y me corresponde explicarle a mi hija María Marta, quién fue y las razones de la tremolina nacional que se armó con su partida. Para hacerlo mejor, me valgo de lo que siempre ha dicho mi hermano Álvaro: el juglar insigne, el maestro de maestros, más que compositor y lo que se quiera, fue un genio, el único que tuvimos por estos lares y su legado, es la herencia colectiva que nos pertenece como sabia eterna que, al estilo de la verdolaga, se extenderá –por años, siglos y milenios- como premio inmaterial a los hombres y mujeres, a los niños y niñas, a todos los que, por gracia de Dios, tenemos el privilegio, y a quienes lo tengan en el futuro, de saber quien fue, de escuchar sus cantos y de compartir la obra insigne del que se inmortalizó como el hombre más grande de la vallenatía. Sin violencia, con gestos, palabras y actos de amistad, elegante más allá del cansancio, triunfador siempre, activo como efectivo en su ejercicio relacional y  esplendoroso en todos sus versos. Para la muestra un botón:


“…En la curva del Salguero
Yo encontré un camión voltiao’
El chofer iba corriendo
Porque estaba enamorao’




Valle del Cacique Upar, 7 de MARZO de 2010 a2mp@hotmail.com

sábado, 19 de marzo de 2011

¡SEGURO MATÓ A CONFIANZA!

¡SEGURO MATÓ A CONFIANZA!
Los recuerdos van y vienen, a veces se ocultan debajo de la almohada emocional que los cubre de manera deliberada, como episodio previo a los goces del momento. Pero siempre están ahí. Recordar es vivir, dicen los más. Por mi parte, perviven en mí algunos episodios inolvidables como el tropelín que se armaba en la cuadra cuando se escuchaba el grito de ¡ladrón ladrón, cójanlo! Se paralizaba el sector y en fracción de segundos la romería avanzaba detrás del infractor. Lugo, aquel vecino que llegó a la novena y nunca supimos de dónde vino ni por qué, se encargó de demostrar con hechos a qué llegó.
Lugo se especializó en cazar ladrones y era él quien encabezaba el pelotón que los perseguía cada vez que osaban poner en riesgo la tranquilidad pública o la de cualquiera de las familias que convivían en esa zona de amores. Él, se encargaba de entregarlos a la policía y después del hecho, no se iba tranquilo a continuar sus labores. No. Él iba de casa en casa y contaba, con minuciosidad detectivesca, los meandros presentes en su persecución, con fino detalle y algo de ficción, hasta que lograba que se le dijera que se estaba ante la presencia de un héroe. Recordaba entonces la captura anterior y de inmediato proponía alguna idea para implementarla como estrategia válida de seguridad que impidiera la repetición de hechos similares. Él se declaraba expectante de que llegara el día en que no tuviera necesidad de perseguir a nadie, pero teníamos la certeza de que era eso lo que menos quería. Así logró unirnos a todos y en menos de lo que canta un gallo, “limpió” el cuadrante en que vivíamos, que él mismo trazó, de delincuentes y hechos delictivos.
En aquellos tiempo, quien esto escribe tenía apenas nueve años y ya incursionaba en planes de seguridad, promovidos por Lugo, orientados a garantizar el sosiego y el buen vivir. Era la manera de poder contener al Pegue, aquel mono alvino y mudo, que cuando “se le ponía el café a ochenta” en su zona habitual de la ceiba, se venía por la entonces calle 15, hoy 19, desde el estadio hasta la carrera 5ª, hoy día 7ª; y a todo el que podía lo atracaba sin misericordia alguna. Se metía en cintura a Guéparo, quien con un destornillador en la mano, robaba a quien fuera. De ahí para adelante, todo era ganancia porque esos eran los más fuertes.
Años después, la situación es peor pero estamos sin Lugo. En aquel tiempo, cuando la policía llegaba ya el ratero estaba cogido, lo recibían y se lo llevaban al “Mamón” o a la Permanente. Ahora es diferente, no solo hay hurtos, robos y atracos, también pululan los homicidios, casi siempre desde motos en movimiento.
Como resultado de tan penosa, enojosa y peligrosa situación, las principales preocupaciones de la gente de Valledupar están centradas en temas delictivos. Se extiende la ola de miedo y en las conversaciones cotidianas el tema ocupa un lugar preponderante. Muchos responsabilizan al Alcalde Luis Fabián Fernández, otros dicen que la responsabilidad es de todos y los menos insisten en que esto no tiene solución, que esto no lo arregla nadie.
Se le cuestiona a nuestro Alcalde, haber enfocado su campaña en el tema de la seguridad y lo publicita como parte integral del Plan de Desarrollo “Resultados con Seguridad”. No obstante, es dable tener en cuenta que lo incluyó como preocupación central de su propósito de llegar a regir los destinos del municipio de Valledupar. Pero era utópico pensar que solucionaría el problema en un año y pese a las falencias que se aprecian, ha de reconocerse su interés en avanzar, igual que las contribuciones del gobierno departamental para afianzar el desempeño de la policía y los demás componentes del aparato oficial para su preservación.
Pensar que no hay nada que hacer, es derrotarse sin luchar. Lo compleja de la situación constituye un desafío que hay que asumir de manera mancomunada. Es hora de enlazar los esfuerzos del gobierno, con la creatividad e innovación que faltan, con acciones consistentes de parte de la comunidad. La marcha convocada para el 1 de marzo, a partir de las 4 pm., es un intento válido y una señal inequívoca del cambio actitudinal que direcciona en otro sentido. Es el nuevo rumbo que hacía falta, con presencia ciudadana como reclamo colectivo y un mensaje contundente: ¡basta! Es hora de entender que juntos somos más, que unidos con las autoridades le damos forma a la sinergia social que es superior a cualquier ola delictiva.
Hace un par de días, mi amigo Kimode estuvo a punto de atragantarse porque sobre él se vino una moto y el parrillero metió mano en su mochila. Kimo, pensó me van a atracar. Y dicho y hecho, le quitaron el celular, las llaves, la billetera y dos millones que acababa de sacar para la operación de su hijita en Bogotá. No tuvo tiempo de nada, los tipos se pasaron de listos y, sin mediar palabras, le introdujeron un ramito de cotoprís en una de sus fosas nasales. Eso cambió la historia y, entre estornudo y estornudo, le quitaron todo. Él, en medio del llanto, la inconformidad y la impotencia, se fue a la casa y puso a tostar kilo y medio de maíz sin pilar. Se hizo la mejor harina y se propuso comerla sin líquido para ver si caían los ladrones. Atorado, logró soltar un leve silbido que escuchó su mujer. Ya hospitalizado, después de tremendo susto, fue enterado de la casualidad: cuando salió de casa no se llevó el dinero legal, sino la paquita de billetes del “hágase rico”, que su hijo Palomaco puso –por bromear- en su nochero. La platica estaba intacta, pero él embromado hasta el janine. Kimode, Palomaco y toda su familia marcharán, como lo haremos todos, seguros de que unidos ganaremos, convencidos de que “nunca fue más oscuro que antes del amanecer”. 
Lo que sigue es elegir un Alcalde honesto, líder de su propia vida para poder liderarnos y honesto en su palabra, en sus hechos, en el respeto a Dios y a los demás.
La Ñapa- Esta vez Moisés Perea, fue directo al grano: ve Beto, no necesito sino pá una librita de queso y dos mil pesos en arrancamuelas. Así me encierro en mi casa y no doy chance de que atraquen!

Valle del Cacique Upar, 27 de febrero de 2011

COSAS DEL VALLE: ZAPATERO… ¡A TUS ZAPATOS!ALBERTO MUÑOZ PEÑALOZACa...

COSAS DEL VALLE: ZAPATERO… ¡A TUS ZAPATOS!ALBERTO MUÑOZ PEÑALOZA
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: "ZAPATERO… ¡A TUS ZAPATOS!ALBERTO MUÑOZ PEÑALOZA Cada año, en diciembre, mi papá nos llevaba a La Corona, en la calle del Cesar, a pocos paso..."

viernes, 18 de marzo de 2011

ZAPATERO… ¡A TUS ZAPATOS!
ALBERTO MUÑOZ PEÑALOZA

Cada año, en diciembre, mi papá nos llevaba a La Corona, en la calle del Cesar, a pocos pasos de “La Bolsa”, y nos compraba el par de zapatos. Los del año anterior, ingresaban a la zapatería, o bien donde “Sabatino”, en “La Central” del papá de Nan Fuentes o la de Menacho en el mercado viejo. No obstante, mi remontador preferido era el Cabo, quien siempre laboró en el pasillo de la casa de la gran Benilda, madre del Dragoneante Gustavo Marulanda. Me gustaba conversar con él y mucho más, que me explicara por qué escogió ser zapatero. –Es que me gustaba y salí de la policía siendo cabo, para ser zapatero. Y me siento orgulloso de serlo-
Después que me gané su aprecio, una tarde de junio le pregunté –oye cabo, que quieren decir con eso de que “zapatero a tus zapatos? – Se valió de todo, menos de la parsimonia, para ordenarme –investigue, pregúntele a su profesor y después me enseña-. Acudí entonces al inolvidable Checha Mendoza, rector de mí siempre Ateneo y me lo explicó sin vacilaciones: "Zapatero, a tus zapatos" es una frase proverbial española, con la que se busca criticar la actitud de quienes pretenden opinar sobre materias de las que no entienden. Una actitud, por cierto, muy habitual. ¿Cuántas veces no hemos escuchado que alguien empieza una alocución: "yo de eso no entiendo, pero opino que..."? ¿Cómo se puede opinar de lo que no se entiende?”. Fue más atrás y me explicó que –según los historiadores Valerio Máximo y Plinio- la frase fue dicha en alguna ocasión por Apeles, el pintor griego más célebre de la antigüedad. Él exponía sus cuadros en la plaza pública y así conocía la opinión que despertaban en la gente. Alguna vez, Apeles expuso el retrato de una persona importante de su ciudad y un zapatero que pasaba por el lugar, se detuvo a observar la obra y criticó la forma de una de las sandalias del personaje. Apeles acató la observación del zapatero, llevó la obra a su taller, la rectificó y nuevamente la llevó al lugar de exposición. Cuando el zapatero volvió a contemplar el cuadro, al ver que el pintor había acatado su sugerencia, se sintió autorizado para extender sus críticas a otros aspectos del retrato, lo que motivó que Apeles, al escuchar esos comentarios, lo encarara y le dijera: zapatero, a tus zapatos. La expresión, desde entonces, se usa como consejo a quien pretende juzgar asuntos ajenos en los que no es experto.”
Pocas zapaterías, a la usanza antigua se ven ahora, pero la Sabatino, la Quiceda y el Tir, se mantienen. La frase, conserva su vigencia y ahora más que nunca se justifica. Ya sea porque a un albañil, se le ocurre incursionar como curador de vacas o que a cualquiera se le da por hacer lo que no sabe sin estar preparado para ello.
Hace poco mi muy querida Maria Martha, solicitó mi concepto acerca de la decadencia del periodismo. He leído en http://www.slideshare.net/utpl/qu-es-ser-periodista que “las causantes de un periodismo decadente y pobre en contenido son tres: el primero, tiene que ver con los dueños de los medios y sus intereses. El segundo, se relaciona con aquellos profesionales que sin ser periodistas trabajan como tal, gozando en ocasiones de mayores ventajas que los periodistas de profesión. En tercer lugar, está la formación de los comunicadores y comunicadoras sociales, el cómo se forman es tan importante como lo es saber quiénes se forman para comunicadores”. Fui al sitio Web y me encontré con que mi hija, para realizar un trabajo investigativo, había leído algunas de las diapositivas de la ponencia de los periodistas ecuatorianos Rubén Darío Buitrón, y Fernando Astadillo “Qué es ser periodista?, presentada en el III Congreso Latinoamericano y Caribeño de Comunicación. Una de las conclusiones de dicho evento fue la de incluir dentro del perfil del comunicador, el sentido humanístico, la habilidad tecnológica, que conozca la audiencia y sienta como ella y que tenga vocación por la profesión.
En nuestra realidad comarcal el tema de los dueños de los medios y sus intereses es harina de otro costal que demanda un análisis especial, en otra ocasión. Respecto del impacto negativo de “aquellos profesionales que sin ser periodistas trabajan como tal, gozando en ocasiones de mayores ventajas que los periodistas de profesión”. Algunos fungen como tal y pese a sus errores u horrores, continúan adelante. Más daño hacen los que, no obstante su conveniencia en los resultados que esperan, prefieren improvisar y poner a cualquiera a “redactar” y enviar “comunicados de prensa”, con lo cual menosprecian la labor del periodista y la afectan con la pobreza en contenidos, formas y figuras.
Los candidatos a las distintas corporaciones públicas, están obligados a mostrar coherencia en todas sus actuaciones. Ellos y ellas ofrecen una y otra cosa a sus electores, centran su discurso en la limpieza de sus propósitos y actuaciones y se comprometen a corresponderles a través de una gestión pulcra, eficiente y eficaz. Creo que el mensaje primario que deben enviar es el del orden y la organización en la campaña para alcanzar su objetivo. Contratar periodistas de verdad verdad, es una señal de respeto, ponderación y congruencia. Los medios y el Círculo de Periodistas de Valledupar – CPV, tienen ante sí el compromiso de garantizar que se materialice esa justa aspiración, con lo cual garantizan un cubrimiento informativo serio, cierto y profesional y, de otra parte, contribuyen a la protección de los comunicadores, en sus posibilidades, derechos y deberes. Es hora de enseriar el ejercicio de la política, desde el uso adecuado de la comunicación para informar, orientar y solicitar respaldos, a los votantes potenciales y a la opinión pública en general. Entonces, no difundir boletines ni informaciones, procedentes de candidatos, sin la firma de un comunicador, es el mejor punto de inicio. Y ojalá se extienda este camino para el caso de entidades oficiales en las que, cuando quiere crearse otro cargo y/o reducir costos, lo primero que hacen es eliminar o disminuir los cargos desempeñados por periodistas.
La Ñapa- Parte integral de las fortalezas de una ciudad, son los comunicadores, firmes y un periodismo objetivo, actuante y con liderazgo positivo, individual y colectivo. Entonces…!

Valle del Cacique Upar, 3  de marzo de 2011

jueves, 17 de marzo de 2011

Cosas del Valle!

RAZÓN DE SER

Alguien, chiflado por la tierra que lo acogió sin vacilaciones, enamorado de la magia que emana del terruño sagrado, cualquier día le cantó:

Valledupar, edénico lugar
Que brilla bajo el cielo de la tierra mía
El corazón, no puede soportar
El profundo pesar, que da tu lejanía...

El locutor Andrés Salcedo González, sintetizó, en esos primeros versos de su hermosisíma canción, el encanto, la belleza y el enamoramiento que, este valle de amores, regala a propios y extraños.

A él , a todas y todos, las y los que se funden en la caricia eterna que Valledupar, nuestra tierra amada, ofrece como convite a descubrirla, disfrutarla, vivirla y amarla.

ALBERTO MUÑOZ PEÑALOZA