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lunes, 13 de junio de 2011

LA BELLA DAMA DEL HUMO BLANCO

Para entonces, Valledupar era el pueblo cuyo embotellamiento geográfico no ocultaba la magia que le es característica desde siempre. Cuando se acababa la provisión de combustible, se iba la luz durante varios días, hasta cuando regresaba el tanque camión, con el proveído requerido para que la claridad nocturna regresara. Nos acostumbramos a vivir a sí y por mucho tiempo.

Valledupar de noche, era la aldea consagrada a la literatura oral. Por donde quiera pasaba era dable escuchar a los abuelos, rodeados de la nietamenta, en plena narración de cuentos, relatos, enseña de cantos y adivinazas en doble vía. Mechones aquí, mechones allá y una que otra "calavera", iluminada con una esperma interior y hecha arte en cualquier coco vacío de patilla. Se sudaba con gotas de petróleo y se soñaba con mejores tiempos, los cuales llegaron y se regresaron.

El asunto es que mi hermano Rodrigo, era enamorado de esos eventos nocturnales y me llevaba, sin esfuerzo alguno, a un recoveco cercano a "El Rey de los Bares" -del siempre querido Marcelo Calderón-, en cuyo pario se amasaba y se asaban las mejores arepas, se freía el mejor poliéster y se ofrecía la mejor agua de maiz. Allí conocí a esa mujer especial que no sentía miedo para expresarse como le venía en gana, ni mucho menos para soltar cualquier vulgaridad necesaria para hacerse sentir porque "a mi se me respeta, nojoda".

Llegado el momento, la sola presencia de ese ser endulzaba las agriedades que las carencias y el olvido, se esmeraban por revivir. Buena hija y compañera insostenible del slencio, nunca estaba callada y siempre expresaba lo que quería. Al morir la mamá, se hizo cargo del "negocio" y nació entonces, el famosísimo merendero que, por décadas, fue no solo el único con su sabor, sino el mejor.

Que ¿qué era el poliéster? nada menor que el mejor bofe comarcal, la más delicisiosa tela visceral que, después de varios dias de sol, era convertida en el maravilloso poliéster por que era la tela de moda en las confecciones multifinas que expendía Telismar Mieles en su Almacen Popular.

En el Merendero La Bella, el menú se modernizó: arroz de palito (fideo), arroz blanco y de lisa. Mondongo guisado, panzita de reyes, carne guisadina, paticas de cerdo, platanino asado amarillo, empanas morunas, carimañolas de las propias, en fin, todo un surtido del arte gastronómico vallenato.

Hoy día la gran Iberia Ustáriz, se reclina sonriente cada vez que le gana una partida de lotería a su inefable hermana Ocha. Dios la cuida siempre!


1 comentario:

Alberto Muñoz Peñaloza dijo...

Mi amigo Fidias Romero, indaga por las razones del olvido del peto. Le he dicho que sigue vigente y pronto, abordaré ese tema con propiedad.